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Los Orígenes del Orfeón II/III

 

 

 

 

   H I S T O R I C O

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ógicamente, un elemento indispensable en estas celebraciones era la música viva (como no podía ser de otra forma en esta época), y de ahí la evolución que ésta, en sus distintas manifestaciones (grupos folklóricos, instrumentales, vocales, mixtos, banda de música, etc.), pudo experimentar en nuestra tierra desde esa época hasta nuestros días.

 

 

Podemos decir que el comienzo de todas estas actividades culturales coincidió con el periodo de mayor esplendor minero y, por ende, económico (1838-1878), cuatro décadas. Entonces, a partir de aquí, lejos de lo que cabría pensar, que se resintiese  su continuidad a un buen nivel como consecuencia de la menor atención que la burguesía podría haberle prestado, debido al confusionismo y a la incertidumbre que crea la perpectiva menos clara de sus negocios mineros, pues ocurre todo lo contrario. Nos encontramos con que arranca un periodo que abarcará  todo el último cuarto de siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX en el que podemos decir que nuestra tierra vivió una verdadera “época de esplendor cultural”.

 

Llega la mitad del siglo XX, y si bien es cierto que toda aquella base económica (sobre la que se cimentó el hecho de que nuestra tierra pudiera lucir con luz propia en el terreno de la cultural), ya era cosa del pasado, y estábamos sumidos en un inmovilismo absoluto y carente de ideas e iniciativas para mantener el nivel de prosperidad que la caracterizó durante casi un siglo, afortunadamente hubo aspectos y actividades en el campo de la cultura que tuvieron continuidad y siguieron evolucionando de forma tal que, hoy todavía, permiten ser a nuestro pueblo, Cuevas del Almanzora, un referente. En la actualidad, y de forma especial, diría que la “música” es el ejemplo más destacado.

 

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En las últimas seis o siete décadas la música coral siempre ha estado presente en todos los eventos de carácter festivo o extraordinario en nuestra ciudad, (Navidad, Semana Santa, Ferias, Celebraciones Institucionales, etc) 

 

    Poco después de nuestra Guerra Civil, en el “Colegio-Hospital de las Monjas de San Vicente de Paúl”, centro donde, entre otras cosas, había un internado para unas ciento cincuenta niñas de entre cinco y dieciséis años (más o menos), ya se organizó bajo la dirección de una de sus monjas, Sor Victoria Leániz Bearrutia, un coro de 20-25 de estas internas cuyas edades oscilaban entre los límites de las acogidas en el internado, y que durante muchísimos años fueron el acompañamiento habitual de todas las celebraciones religiosas de nuestro municipio. Era un timbre, el de esta agrupación coral, que a todos los que pertenecemos a esa época nos resultaba familiar y entrañable y al que necesariamente evocábamos en nuestra mente cuando pensábamos en esas fiestas tan señaladas de Navidad, Ascensión, Corpus, etc. Cantaban a dos voces haciéndose acompañar siempre por la música de un órgano, y cuando se trataba de repertorio navideño recurrían a instrumentos de percusión (pandereta, triángulo, etc). Participaban en las ceremonias religiosas de las Fiestas Patronales de nuestras pedanías, acompañaban los sermones de las Fiestas de las Hermandades de Navidad, ….etc. A Sor Victoria le sustituyó, como organista y directora de la

 

 

coral, una de las propias internas, Pepita García, y más o menos su actividad continuó dentro de la misma tónica de participación en eventos de carácter religioso hasta los años 63-64 del pasado siglo, época en la que desapareció el internado.

 

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